SEMINARIO TALLER INTERNACIONAL SOBRE LA RATIO STUDIORUM
UNIVERSIDAD JAVERIANA, CALI
COLEGIO SAN JUAN BERCHMANS
Julio 7 al 9 de 1999


CLAVES DE LA RATIO STUDIORUM PARA LA LECTURA DE LA PROPUESTA EDUCATIVA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS HOY


Esteban Ocampo Flórez
Universidad Javeriana Cali


No es fácil enfrentarse a una temática como ésta cuando hemos participado durante los días previos de las excelsas reflexiones compartidas por unos conocedores de la Pedagogía como los que hemos escuchado, también porque en el auditorio se encuentran igualmente expertos en el tema que bien pudieran estar frente al auditorio, haciendo de este tópico un delicioso manjar para quienes como yo somos aficionados a estas temáticas, pero fundamentalmente porque se han realizado unos encuentros en los cuales todos los participantes han ido escribiendo día a día estas claves para hacer una lectura de la Propuesta Educativa de la Compañía de Jesús Hoy y no sólo desde la perspectiva teórica, sino desde la misma práctica desarrollada por cada uno en los Colegios y Universidades. Sin embargo, quiero presentar otro punto de vista para la discusión, con la esperanza de que sea enriquecido por todas las personas que compartimos esta manera de ver y actuar la formación de niños, jóvenes y adultos, pues son tan ricas las posibilidades que nos ofrece esta pedagogía, que no podrá limitarse solamente a lo que una persona o grupos aislados de personas podamos decir sobre ella, sino que se requiere de la creación de una gran red de educadores y educadoras que hagan vida en la cotidianidad este ideal formativo.

Parecería una atrevimiento, pero valdría la pena preguntarnos: ¿existe una PEDAGOGÍA JESUITICA?; es decir, ¿para alguien que no está comprometido teórica, histórica y afectivamente, es claro que existe en la tradición de la Compañía de Jesús una formulación Pedagógica?. Digo que ésta es una pregunta atrevida pues históricamente ha sido reconocida la influencia que los Jesuitas han tenido en el desarrollo del pensamiento pedagógico durante cuatro siglos1. Lo que quisiéramos asegurar, es que no solamente han hecho un aporte, sino que han configurado una propuesta que, a parte de su solidez, ha sabido adaptarse desde un comienzo a circunstancias personas y lugares y ha sabido incorporar a su estructura los desarrollos alcanzados por otros pensadores y otras corrientes, tanto de ordenes religiosas, como de laicos comprometidos con la educación. Porque una de las enseñanzas que podemos derivar de aquellos Jesuitas y Laicos que se han atrevido a formular tal propuesta, es su inmensa capacidad para reconocer que la verdad, o mejor las verdades pedagógicas, no son posesiones exclusivas de una u otra persona o de determinada época y la magia de sus búsquedas no se encuentra solamente en la novedad de sus hallazgos y en la creatividad de sus proposiciones, sino en haber sido (y seguir siendo) capaces de dar un orden, una organización especial a múltiples teorías, ensayos exitosos, recomendaciones y reflexiones surgidas en diversas partes del mundo. Cuando se estudia por ejemplo, como lo hemos visto en este seminario, el surgimiento de la Ratio Studiorum, podremos reconocer que en ella se han recogido experiencias de diferentes centros de educación, universidades fundamentalmente, y que han sido organizadas siguiendo los criterios de una experiencia espiritual que permite hacer una mirada renovada a las acciones cotidianas de las personas, los grupos y las instituciones.


A pesar de ello y para salir de dudas, usemos los parámetros que han sido definidos por autores distintos a los Jesuitas e intentemos responder a tales formulaciones, para encontrar la correspondencia que nos permita hablar de la existencia de una Pedagogía Jesuitica particular, diferenciada de otras tantas que podemos conocer en el amplio espectro que nos ofrece la disciplina pedagógica.


En primer lugar en toda Propuesta Pedagógica debemos distinguir una clara visión del mundo. En la propuesta jesuítica podemos reconocer que se propone:


En segundo lugar hay una concepción del ser humano, que en la Pedagogía Jesuítica se considera como:


La tercera condición es la existencia de un conjunto de valores desde los cuales se orientan las intenciones formativas de la propuesta pedagógica. En la Educación Jesuítica se pueden reconocer valores como:


También debe poseer la propuesta pedagógica una teoría acerca del conocimiento, la cual puede entenderse en la Educación Jesuítica tal como es expresada en el Paradigma Pedagógico Ignaciano2, la interacción entre la EXPERIENCIA, REFLEXIÓN y ACCIÓN; interacción que tiene a su vez como condición la Contextualización y como acompañante la Evaluación. El conocimiento para ésta propuesta pedagógica no es entonces unicausal, parte de los desarrollos previos y actuales del estudiante, los cuales deben ser dimensionados a través de los procesos mentales superiores y deben ser traducidos en acciones concretas que dan cuenta de los anteriores pasos. Es éste un conocimiento profundo, un “gustar internamente”, un afincamiento de las realidades pasadas, presentes y posibles en la historia misma de quien lo construye, en sus afecciones, sus orientaciones y comprensiones. Es un conocimiento que no se recibe pasivamente, sino mediante la construcción permanente a través de la actividad y dentro de ésta las referidas a la expresión oral y escrita. Es común en las reglas encontrar una permanente alusión no sólo a que los ejercicios y aprendizajes sean graduados a la edad, sino que se hagan múltiples y variados ejercicios para su adquisición y que no sean llevados a la memoria, antes de haber sido comprendidos suficientemente y de haberlos acomodado las circunstancias y tiempos vividos por los aprendices3. En la Propuesta Educativa de los Jesuitas, encontramos entonces un acercamiento al conocimiento que trasciende la erudición, pues es una resignificación del mundo a través de la acción directa de la persona sobre él involucrando su experiencia, su capacidad intelectiva y disponiéndose para dar a tales conocimientos una función social, por medio de la cual se buscaría no solo la verdad, sino la felicidad de las personas y el hallazgo de formas más dignas de vida para todos.


La otra condición que debe cumplir toda propuesta pedagógica, a la luz de los expertos, es que ésta posea una teoría de la educación, o como dice Moore4 “un cuerpo organizado de conocimientos y recomendaciones dirigido a la práctica educativa”. En la teoría de Educativa de los Jesuitas encontramos los siguientes componentes:

  1. Su objetivo

  1. Derivado de lo anterior se encuentra la explicitación del Ideal de persona que se quiere formar, expresada en lo que aparece en los Planes de las Instituciones como Perfil y que para los tiempos actuales sería mejor llamarlos Competencias, por las implicaciones de uno y otro7. Para el caso de la Propuesta Educativa son varias las formulaciones que han sido propuestas, atendiendo al principio de personas, tiempos y lugares, pero en general podemos decir que estas competencias incluyen:


  1. Una buena teoría educativa no se queda sólo en la enunciación de sus ideales, sino que provee las estrategias y las herramientas de carácter metodológico a partir de las cuales tales sueños pueden hacerse realidad. En este aspecto es en el que podemos encontrar una de las mayores riquezas en los esfuerzos desarrollados por los pioneros de la Pedagogía fundamentada en la Experiencia Espiritual de Ignacio de Loyola, en su propia vida, en la vida comunitaria de aquellos Amigos en el Señor que lograron no sólo hacer de sus ideas una forma de vida, sino un legado para la humanidad, expresado en sus Constituciones y, para nuestro caso, en su Parte Cuarta. La Ratio Studiorum da cuenta precisamente de una metodología que combina sabiamente los niveles Religioso, Humano e Intelectual8. El primero de ellos proporciona el clima, la motivación y la orientación para el aprendizaje; el segundo las disposiciones y actitudes de mente, voluntad y sentimiento y el tercero se constituye en la disponibilidad para resignificar las realidades y los fenómenos para comprenderlos. En esta perspectiva emerge una propuesta didáctica ampliamente comentada a lo largo de estos días. En ella se reconocen tres momentos especiales: uno centrado más en el profesor, llamado la Prelección; otro centrado en el estudiante llamado la repetición múltiple y luego una aplicación en la que se da un encuentro para el apoyo, la orientación y el intercambio estudiante - profesor y estudiante – estudiante. Unidad, integración orden, ciclicidad, gradación, actividad, interacción y expresión9, son principios que podemos distinguir en la Pedagogía Jesuítica. Algunos podrán preguntar: ¿dónde se encuentra la originalidad de esta propuesta desarrollada hace cuatrocientos años y de sus nuevas versiones incluso cuando en la presentación del Paradigma Pedagógico Ignaciano, sus mentores hacen alusión a que es ésta una metodología ecléctica10?. Pues bien, seguramente que hacer alusión a que en la metodología propuesta por los Jesuitas antes y ahora no hay nada original, es una falta de justicia con la capacidad de estas personas para combinar los conocimientos de cada época, con los fines que desean alcanzar a través de la educación, los cuales se han visto reflejados tanto en sus previsiones a manera de reglas en torno a la forma de enfrentar el conocimiento, como en los sistemas pedagógicos más elaborados con que contamos en la actualidad, como es el caso de la Educación Personalizada. Sin embargo, también podemos afirmar con Carmen Labrador11 “el éxito de un método no reside en su mera formulación, sino en saber hacerlo propio, encarnarlo en un espíritu y aplicarlo con sabia prudencia”. Allí está el aporte; lo novedoso no se encuentra tanto en los elementos como en el sistema que logran construir. Esto quizás es lo que ha llevado a Charmot12 a decir que efectivamente hay una novedad en la propuesta jesuítica, pues han sabido aprovechar la prelección, para los estudiantes:


  1. Además de contar con un método, dicen los autores13 la propuesta debe indicar cuáles son los contenidos y las experiencias educativas que deben ser puestas a disposición de los maestros y los discípulos para que, mediante el empleo del método descrito, puedan alcanzar los objetivos que se han propuesto. En la Ratio Studiorum de 1599 se deja en claro que las instituciones deben organizar por lo menos tres ciclos: uno de formación lingüística, otro filosófico y uno más de carácter teológico. En la actualidad estos contenidos se encuentran determinados más por las legislaciones que los países hacen en busca de las llamadas identidades nacionales, pero esto no ha impedido que en la propuesta Jesuítica se conserven algunos rasgos de aquella primera formulación de 1599:

En cuanto a las experiencias educativas, insiste la pedagogía jesuítica en elementos como:


  1. Debe ser definido también a qué ritmos o niveles se llevará el proceso formativo. Acá podemos indicar que esta exigencia abarca dos aspectos:

En cuanto a la promoción flexible empleada por los Jesuitas en 1599 y antes, sólo hasta la última década ha sido retomada de una manera más seria, con respaldo especial otorgado por las legislaciones, en particular en nuestro país, diferenciándose claramente esta opción entre la primaria, la secundaria y la universidad. En la primera de ellas es más frecuente que se presente éste tipo de práctica, en tanto que en el bachillerato y en la universidad no es tan usual que se de, excepto para estudiantes realmente excepcionales que toman la iniciativa de hacer tal solicitud, pues sus maestros rara vez los proponen para tales estímulos. Una de los más usuales reconocimientos que recibe hoy un estudiante aventajado, especialmente en la universidad, es nombrarlo como monitor, cargo equivalente al que en la ratio encontramos con el nombre de “bedel” o “decurión”, por supuesto guardadas las proporciones.

  1. Por último, debe indicarse en tal Propuesta Pedagógica quién dirige el proceso y quién es el centro del mismo. Pienso que en esto hay una verdadera enseñanza de los Jesuitas desde el comienzo mismo de su acción como formadores. Al revisar la Ratio y al ponernos en tiempo presente, se diferencia que para los Jesuitas de antes y de ahora, quien dirige el proceso de formación, de enseñar y de aprender son todos aquellos que fungen como educadores, pero no de manera aislada, sino considerando:


Hasta el momento he intentado demostrar, con las categorías empleadas por los estudiosos de la pedagogía17, que efectivamente podemos afirmar la existencia de una PROPUESTA PEDAGÓGICA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS que puede ser sometida a la criba epistemológica, pedagógica y teórica, a pesar de que la intención de los redactores, al formular su sistema educativo en 1599, no hubiese sido esa. Salvado este supuesto básico, entonces podemos entrar en la segunda parte de esta presentación: se pretende poder indicar, por lo menos para la discusión y el análisis, qué es aquello que sigue teniendo una especial vigencia en la Educación Jesuítica, lo que ya no se sigue y aquello que ha aparecido como nuevo para ella.


Lo que aún permanece.


Creo que una lectura al Texto de la Ratio, a la “Monumenta Paedagogica” de Nadal y a tantos otros escritos promulgados por insignes jesuitas a lo largo de estos años, nos muestran unas claves fundamentales de aquellos elementos de su pensamiento y praxis educativa cotidiana que conservan una afortunada actualidad.

  1. La de hoy, como la de hace 400 años, es una Pedagogía Humanista Cristiana. Esto quiere decir que al lado de una preocupación constante por la observación, investigación, comprensión y compromiso con las realidades humanas, no quedándose solamente en los datos, la objetividad, el análisis “per sé” de los fenómenos, sino en sus aspectos cualitativos que dan cuenta de las finalidades, los valores, las vicisitudes de las situaciones e interacciones humanas, la verosimilitud de las mismas, se encuentra una intención evangelizadora que en los últimos años ha tomado una decidida orientación hacia al conjunción de tres componentes inseparables de toda acción educativa en la Compañía de Jesús: la interacción entre la ciencia, la fe y la justicia. “Virtud y Letras” decían los antiguos; “Virtud, Letras y Servicio”, se ha dicho siempre, “Virtud, Letras, Servicio y Compromiso con los demás, en particular con los más comprometidos” tendremos que decir hoy y siempre.

  2. Atención personal al estudiante, es quizás uno de los reconocimientos más grandes que los estudiantes y sus familias han hecho siempre a los educadores, jesuitas y seglares, de las instituciones educativas confiadas a la Compañía de Jesús. Cuando en las reglas de la Ratio Studiorum encontramos casi desde el comienzo un reclamo para que quienes se dedican a la formación de los niños y los jóvenes no sólo se preocupen del aprovechamiento que aquel pueda hacer de los estudios, con un seguimiento y consejo constantes, sino que lo escuche, que lo atienda, que lo aconseje en otras situaciones, tanto de carácter espiritual, como psicológico y social. Uno de los máximos recuerdos que llevan los egresados de nuestras instituciones, sin importar su nivel, tiempo o ubicación geográfica, es que sus maestros los conocieron personalmente, los acompañaron en sus procesos y aún después de mucho tiempo recuerdan hasta su nombre. Como puede suponerse, este no es producto de una buena memoria de los maestros, sino de un compromiso y cercanía real al estudiante y a su proceso.

  3. Unido al anterior está el respeto por la persona del estudiante y sus particulares maneras de relacionarse con Dios, con los otros y con el mundo. Es impresionante como desde los comienzos de este sueño se ha advertido la necesidad de ser conocedores de las condiciones de cada uno de los estudiantes, no sólo para adecuar a ello las estrategias, recursos, contenidos y objetivos de la enseñanza, sino para la generación de oportunidades para la formación de su carácter. Esta demanda que en términos pedagógicos ha sido definido en términos del respeto por la individualidad, ha sido reiterado por propuestas pedagógicas desde finales del siglo pasado y ahora que nos encontramos ad portas del nuevo siglo, se sigue insistiendo como una requerimiento básico para la formación de las actuales y las futuras generaciones. Como se ha reafirmado por parte de distintos autores, no se trata acá de convertir la educación en un problema de relación uno a uno, sino en ofrecer las posibilidades para que cada uno de los estudiantes reconozca su propia naturaleza, que a su vez sus maestros la identifiquen, para que juntos puedan trazar los planes y actividades que más convengan para el logro de los fines propuestos; a veces ni siquiera se trata de que cada uno tenga un plan diferente, sino que, al existir un plan, cada uno se pueda acercar diferencialmente a él y que esto sea respetado.

  4. La constante preocupación por la Formación del Carácter hoy más conocida como FORMACIÓN INTEGRAL. Una de las herencias que ha quedado para la educación en todos los niveles y en las distintas épocas del desarrollo el pensamiento pedagógico, es la firme intención de que a través de los programas y su organización, de los ambientes y sus recursos, se obre de acuerdo a los fines que se persiguen, de tal manera que los medios se subordinen en un todo a aquellos. En la ratio se indica que la educación debe permitir que a la par que sean adquiridas las letras, “vayan aprendiendo también las costumbres dignas de un cristiano”18; no se trata de lo uno o lo otro, es todo a la vez, “de modo que ... aprovechen no menos en la rectitud de vida que en las bellas artes”19. Es una educación que atiende entonces la totalidad de la persona y ninguna de sus potencialidades puede ser pasada por alto en instituciones que, como, las nuestras, tienen esa común inspiración.

  5. La consideración en torno a tiempos, lugares y personas, como criterio básico para la aplicación de cualquier recomendación, norma o precepto. Es importante ver como en la Ratio Studiorum, algunas normas de los estudiantes de Primer Ciclo son compartidas con los de Estudios Superiores, pero esto no es lo más común, precisamente por ello se encuentran reglas diferentes para ellos y aún puede distinguirse esto al pensarse que la lógica de la enseñanza y del aprendizaje es diferente para las materias. No es lo mismo enseñar Retórica que Teología, así como no es igual compartir con los estudiantes Resistencia de Materiales que Diseño de Plantas. En las revisiones que se han hecho en el presente siglo, por ejemplo en 1906, se recomienda que en cada nación o provincia se haga una aplicación de la Ratio según las necesidades y posibilidades de las regiones. Pero no solamente esto, cuando se refiere a las vacaciones, a la distribución de los horarios y otras reglas, insiste constantemente que sean consideradas las circunstancias de los estudiantes y de las costumbres de cada país. He allí el criterio de flexibilidad de que tanto hablamos los educadores en el momento de proponer currículos para nuestras instituciones. Esta flexibilidad tiene que ver con la capacidad que la propuesta tiene para adaptarse crítica y creativamente a las circunstancias a partir de una estructura suficientemente sólida y fundamentada; sin ésta, no estaríamos hablando de un sistema flexible, sino de una anarquía que en nada contribuye a las intencionalidades formativas que pretendemos20.

  6. Por supuesto que otro de los principios que tienen una actualidad especial para la vida de las instituciones educativas de la Compañía de Jesús es la consideración en torno al Magis que bien lo pudiésemos traducir hoy en términos de la Excelencia Humana y Académica que esperamos de todas las personas que participamos en los procesos educativos. El Magis, que hace referencia a buscar y hacer siempre lo mejor para la Gloria de Dios, es condición del perfeccionamiento al que estamos llamados todos los Cristianos, pero en particular para las Instituciones Educativas de la Compañía de Jesús se convierte en una exigencia ineludible, como advierte el P. Pedro Arrupe, al referirse a la necesidad de poner en nuestros centros claves que permitan identificarlos claramente como Ignacianos, adviertiendo además que: “No se trata de actitudes snobistas o arrogantes, ni es complejo de superioridad”21; es sólo para que se sepa quiénes somos. El magis debe distinguir a todo estudiante y egresado de un Colegio Escuela o Universidad de la Compañía, y este Magis no se resuelve en que él sea un gran académico o profesional, sino que aquello que posee, lo ponga al servicio de los demás y que además ayude a mejorar las condiciones de vida de los excluidos de la sociedad, con lo cual estará contribuyendo a construir El Reino; es decir obrando A Mayor Gloria de Dios.

  7. El enseñar a pensar expresado en reglas como “procúrese que se entiendan bien a los escritores y se aprenda”. Como lo expresa el P. Bertrán. Quera22 “Es evidente que la concentración mental y de ánimo se requería para cualquiera de los ejercicios escolares presentados por la Ratio Studiorum al alumno. Muchos de ellos eran sólo propedéuticos y subsidiarios para dotarle de instrumentos válidos, que apuntaban a otro objetivo último: el de enseñarle a pensar por sí mismo...Siempre la pedagogía de los jesuitas... se ha propuesto por medios prácticos enseñar a pensar y a razonar a sus alumnos, precisamente porque quiere prepararlos para que puedan influir social y apostólicamente en los demás”. En los años recientes, en el informe Delors23 se nos recuerda esta exigencia como uno de los pilares básicos de la educación.

  8. El encuentro con los otros para el aprendizaje; la oportunidad para la socialización de las dudas y las certezas, de los resultados y sus procesos. Antes en la forma de disputas, examen público, discusiones, debates, certámenes, academias, entre otras tantas estrategias empleadas, hoy como foros, simposios, puestas en común, eventos de socialización, pero siempre con el supuesto básico de que el conocimiento se alcanza en mayor grado en cuanto los aprendices pueden salir al encuentro con el otro y sus saberes y que una de las manifestaciones de haber alcanzado tal saber es poder presentarlo a los demás y defenderlo con sus argumentos o cambiarlo de acuerdo a los mejores argumentos de los demás. Estas actividades más relacionadas con lo que conocemos como trabajo en grupo, siguen siendo acompañadas del trabajo individual, por medio del cual cada estudiante se enfrenta a su propia condición, a la elaboración y construcción en clave de su propia historia y de sus propios conocimientos, tal como se ha expuesto en el apartado anterior sobre el aprender a pensar. Finalmente, estos procesos grupales e individuales, están acompañados de la tutoría, ese acercamiento personal que hace el maestro para mostrar pistas, abrir caminos, mostrar nuevas relaciones y ordenar lo que parece confuso o está errado. Esto es, no se trata de una visión puramente sociologista del aprendizaje, sino más bien el reconocimiento de la importancia del encuentro con los pares en un claro y decisivo personalismo educativo.

  9. La consideración de que los estudiantes poseen saberes previos a su ingreso a la institución o al inicio de cada curso. En la regla 10 del Prefecto de los Estudios inferiores se hace alusión a que en el momento del ingreso de un estudiante, debe preguntársele cuáles son los estudios que posee y en que proporción los domina y en la Monumenta Paedagogica antes citada, se indica que el prefecto lo enviará a la clase para la que parezca más apto y lo encomendará al maestro, con especial cuidado. Esto para citar solamente las referencias a la Ratio, porque si atendemos a las anotaciones dadas por Ignacio para los ejercicios, seguramente tendremos muchos más ejemplos. No en vano en los pasos del Paradigma Pedagógico Ignaciano su inicio está marcado por el Contexto, que no sólo se refiere a lo externo, sino a los mismos presupuestos de cada estudiante para enfrentarse a las situaciones escolares propuestas. Lo que debemos considerar dentro de esta comprensión es que la aceptación de la existencia de una historia previa, de unas condiciones personales, pero también de unos conocimientos anteriores a la enseñanza formal que se desea proponer, es que no se trata solamente de un diagnóstico, no es solamente para el reconocimiento de un estado, sino una disposición para la toma de decisiones, para actuar consecuentemente con la toma de conciencia de tal situación. En otras palabras, se pide en la pedagogía jesuítica que se reconozcan los presaberes de los estudiantes y que luego se les enseñe a partir de ellos (“lo enviará a la clase para la que parezca más apto”).

  10. La presencia, en las formulaciones pedagógicas particulares de las instituciones, las características ignacianas de “síntesis entre teoría y práctica, entre pensar y hacer, entre conocer y sentir o experimentar, entre razonar y creer, entre aprender y ejercitar o practicar24. Pienso que un juicioso examen a las adecuaciones que en los distintos tiempos y lugares se ha hecho a la propuesta educativa de la Compañía de Jesús, se evidencia como en ellas se conserva la necesidad de mantener un equilibrio permanente entre estos polos, de tal manera que no por privilegiar uno de ellos se rompa la armonía que se ha enfatizado en virtud de las intenciones de formación integral antes descrita. No se trata sólo de una constante práctica pues se caería en un activismo, pero tampoco de una permanente teorización, con la que se correría el riesgo de caer en la especulación. Es combinar el pensamiento, con la práctica; ser contemplativos en la acción. No saciarse más en el conocimiento de las cosas, que en el divertirse, comprometerse totalmente con el mismo, no sólo a nivel de la razón, sino de los efectos que éstos desencadenan y en la historia personal de quien conoce. Es demostrar desde la ciencia, pero también dejar un espacio para la fe, y no solamente en asuntos religiosos; por ejemplo en la interacciones con otros: es tener razones suficientes para confiar en alguien, pero también creer en esa persona, a pesar de que antes hubiese fallado. He allí uno de los puntos en los cuales se pone en juego la sabiduría de los maestros y las maestras, pues no se trata de un justo medio, sino de un sano equilibrio que muchas veces implica emplear más de uno de los polos que del otro.

  11. La Actividad y la Comunicación como estrategias básicas para el logro del aprendizaje por parte de los estudiantes. No se concibe ni antes, ni ahora una didáctica para la cual el estudiante sea un receptor pasivo de las enseñanzas de su maestro. Es mediante la actividad mental y física25 como el estudiante puede llegar a hacer una apropiación adecuada de los conceptos y de los principios a partir de los cuales se tiene la intención de ofrecer una formación integral. El segundo componente enunciado es la comunicación; en esencia la educación es un proceso de comunicación de sentidos y significados (diríamos hoy); en palabras de Miguel Bertrán-Quera, “el aprendizaje más natural es siempre el que se hace por medio de la comunicación en constante diálogo entre el que enseña y el que aprende”26 De allí que se insista tanto en la Propuesta Educativa Jesuítica la cercanía del profesor a sus estudiantes y el constante encuentro para el intercambio de ideas, impresiones, conocimientos, sentimientos, alegrías y tristezas; e incluso se proponen estrategias para que esta comunicación pueda darse también entre los mismos estudiantes a través de los eventos que hemos nominado antes de socialización.

  12. La promoción de grupos para la acción, sean estos más inclinados a la acción pastoral y evangélica o académico investigativa. En la Ratio se hace alusión a las Academias, la Legión de María y otras prácticas devotas que eran adoptadas por los estudiantes como parte importante para su formación. Hoy en día encontramos las CVX (Comunidades de Vida Cristiana), los Campamentos Misión, los grupos Ecológicos, Curso Taller, Movimiento Scout, Consejo de Estudiantes, Asociaciones de Estudiantes de Ingeniería, de Psicología ... Tal vez deberíamos volver un poco más los ojos hacia estas formas de expresión de la necesidad que experimentan los estudiantes de actuar, de poner al servicio de los otros su energía juvenil, sus conocimientos e ideales. Muchas veces, y esto lo sabían muy bien quienes nos precedieron en las lides educativas, se logra más en la formación que queremos a través de las acciones de estos grupos, que en cientos de horas de clase bien organizadas y ejecutadas.


Son quizás muchos más los aspectos a los que nos pudiéramos referir en este apartado, pues cada vez que se vuelve a leer la Ratio, se encuentran nuevos rasgos que aún permanecen en nuestra Propuesta Pedagógica o que por lo menos iluminan las nuevas formas de actuar y entender la educación de niños, jóvenes y adultos. Queda como tarea para todos los presentes el continuar esta lista que hemos iniciado.


Lo que no permaneció


No solamente debemos ser conscientes de la vigencia que aún tienen muchos de los aspectos abordados por el Sistema Educativo de la Compañía de Jesús; vale la pena también pensar que es aquello de la Ratio Studiorum de lo cual podemos decir no está presente en la propuesta actual de la Educación Jesuítica. Se bien que no es fácil encontrar puntos para argumentar esta categoría y que en la mayoría de las casos pueden ser afirmaciones discutibles, por los matices que puedan tener; sin embargo creo que es importante hacer el intento, pues ello mismo nos ayudará a ganar en claridad.


  1. La insistencia en el ejercicio de la memoria como vía privilegiada para el conocimiento. A pesar de la insistencia que hacen los estudiosos de la Ratio de que la memoria en el Sistema Educativo de la Compañía no se refería sólo a un repetir acrítico del saber, es necesario considerar que en la época en la cual es redactada, los conocimientos que se tenían en torno al funcionamiento de la mente humana y sobre los procesos cognitivos mismos, no permitía que se insistiera en facilitar los medios a través de los cuales los estudiantes pudieran desarrollar lo que hoy conocemos como memoria comprensiva, que nos permite trabajar más los conceptos en contextos y conjuntos de significado, que en la rememoración literal de una idea, un dogma (“durante los 45 minutos primeros de la mañana, recítense de memoria ... la primera hora de la tarde recítense de memoria”) . No quiere decir esto que hoy se deba eliminar de la educación la memoria literal, sino que se le ha ubicado en su lugar, como una subsidiaria de los procesos mentales que hacen posible un aprendizaje significativo, y no como condición de aquellos.

  2. La a veces excesiva meticulosidad en la reglamentación de cada cosa en la vida escolar. Hoy en día, conservando las bondades de una excelsa organización que caracteriza a nuestros centros educativos, se tienen más unas políticas y principios que permiten una mayor autonomía y creatividad por parte de los actores del proceso educativo. Esta manera de organizar los procesos ha permitido una mayor pluralidad que enriquece, pero a veces ha llevado a desdibujar la esencia de la institución en ocasiones no permitiendo encontrar la diferencia entre un buen centro educativo y un centro educativo que posee una Propuesta propia de la Compañía de Jesús.

  3. Por la incesante producción de información, la facilidad para acceder a ella, el requerimiento constante que tenemos de la misma, la extraordinaria rapidez con que podemos desplazarnos de un lugar a otro, en fin, todas estas ventajas que nos ofrecen hoy en día la ciencia y la tecnología, nos han llevado a poner un especial interés en la acumulación de saberes, la implementación de nuevas áreas de estudio, programas cargados de contenidos, pues tememos que nuestros estudiantes queden desactualizados, nos ha hecho perder de vista un poco aquella sabia sentencia de San Ignacio que tanto repetimos, pero que tanto nos cuesta poner en práctica: “No el mucho saber harta y satisface el ánima, más el sentir y gustar de las cosas internamente”. En algunas referencias de la misma Ratio, podemos encontrar la sugerencia de que a los estudiantes no se les enseñe mucho, sino bien y en profundidad, pero que además les sean propuestas temáticas que puedan aprender, que estén acordes con sus capacidades e intereses.

  4. Hay algo que es muy sutil y por ello mismo difícil de argumentar, y es lo referido a la intención del maestro frente a su discípulo. Nos recuerda el P. Astrain27 que el “maestro antiguo” tenía una especial predilección por el aprovechamiento del discípulo; en tanto que en los tiempos actuales, “los catedráticos, principalmente de universidades y ciencias mayores, parecen tener puestos los ojos en el adelantamiento de las ciencias. El maestro antes no descansaba hasta convencerse de que su discípulo se había apropiado del saber y para ello empleaba todos los medios posibles inclusive desbordando los tiempos y compromisos “contratados”. El maestro moderno más rápidamente claudica y cada vez más busca medios para que otras instancias (cursos de verano, expertos fonoaudiológicos y psicológicos, profesores particulares) suplan las deficiencias. Además de ello hoy en día el maestro se preocupa más de la erudición que del manejo mismo de las competencias propias de ésta, lo cual se ve reflejado en cientos de estudiantes que aún sabiendo las letras, no saben escribir y menos con estilo y elegancia; lo mismo dígase para las matemáticas o cualquiera otra de las disciplinas que ofrecemos para el estudio. Esto ha llevado a considerar al P. Astrain que “el procedimiento moderno es en esto, como en casi todo, científico; el procedimiento antiguo era principalmente artístico”.


Como en la anterior enumeración, el espacio queda abierto no sólo para el enriquecimiento, sino para el debate.


Lo que sigue


No podemos terminar esta reflexión sin aventurarnos a indicar algunas pistas sobre lo que podríamos esperar para la Propuesta Educativa de la Compañía de Jesús, después de haber tomado conciencia de sus inicios y desarrollos. Por supuesto que, ésta parte debe ser, tal como se indicaba en un comienzo, el resultado de este encuentro y de las producciones que los grupos han hecho en sus trabajos a propósito de los temas abordados, pero nosotros queremos también presentar nuestro punto de vista para la discusión posterior.


Además de continuar impulsando y fortaleciendo lo antes descrito, pienso que se debería considerar:


  1. Una propuesta educativa plural, abierta a los conocimientos y desarrollos alcanzados por disciplinas como la pedagogía, la psicología y la filosofía; abierta también a los aportes que las idiosincrasias de los grupos humanos en los cuales se desarrollan, les puedan ofrecer, pero también a los retos impuestos por la globalidad, sin caer en el desdibujamiento de los fines a que los pueda conducir; abierta a la reflexión que juntamente hacen jesuitas, laicos, directivos, profesores, estudiantes, familias y sociedad, en torno a los ideales de formación y a los medios para alcanzarlos.

  2. Un esfuerzo importante por formar más en las competencias y en los principios, que en los datos y en las reglas. Esto implica un privilegio importante en la Propuesta Educativa de una formación para la creatividad y el asombro, para la construcción y la generación; para el pensamiento y la imaginación; para la aventura y el riesgo. Vale la pena recordar acá la referencia que se hiciera páginas atrás sobre los cuatro pilares de la Educación presentados por la Unesco en el informe recopilado por Jacques Delors: el aprender a conocer, a hacer, a convivir y a ser.

  3. Una ponderación del reclamo que se hiciera en el Documento sobre las Características de la Educación de la Compañía de Jesús, promulgado en 1986, sobre la preparación de los estudiantes para la comunicación y dentro de ésta a sus distintas modalidades, con un esfuerzo especial por el manejo, lectura y comunicación a través de las imágenes. Si bien es cierto que la palabra sigue siendo un privilegio de los humanos, es verdad también que los tiempos actuales y futuros se moverán más a través de las imágenes como mediadoras de la comunicación por su potencial para la expresión y el manejo metafórico de las realidades humanas, más próximas al pensamiento narrativo que nos caracteriza.

  4. Un renacer del arte y la sensibilidad ante lo bello. Una importancia grande a la expresión de los mundos afectivos y esto como elemento importante para la integración de los procesos humanos que deseamos fortalecer; si bien durante mucho tiempo buscamos ésta en los saberes, los juicios y las razones, ahora entraremos a dar una mayor credibilidad a los sentimientos y afectos, a la subjetividad y la gran riqueza interior de las personas. Pienso que la Propuesta Educativa de las Instituciones de la Compañía de Jesús de cara a los próximos años se verán fortalecidas en este campo, no sólo por ser una exigencia de la formación integral, de la tradición de la Compañía, sino porque así lo demandan los nuevos códigos de la cultura.

  5. La constitución de redes interinstitucionales en las cuales los estudiantes, los profesores, las asignaturas, los recursos y demás medios para la mejor formación de los estudiantes, no sean exclusivos de uno o de otro, sino que puedan ser rotados, empleados gracias a los avances tecnológicos y telemáticos y a la versatilidad en los desplazamientos, por otros centros. Pienso por ejemplo que dada la formación común en una Pedagogía Inspirada en la Espiritualidad Ignaciana y el compartir unos mismos ideales de formación, permitan más fácilmente el intercambio de profesores, programas y discursos. Las instituciones ya están agrupadas: AUSJAL(Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina), ACODESI (Asociación de Colegios Jesuitas de Colombia), FLACSI Federación Latino Americana de Colegios Jesuitas), ahora corresponde seguir fortaleciendo estas redes trascendiendo las reuniones para el diseño de políticas (que se tienen que seguir haciendo) para llegar al intercambio real de experiencias, recursos y personas. Esta es una gran enseñanza que nos dejaron aquellos jesuitas que entre 1564 y 1599, sin facilidades para comunicarse, ni para trasladarse de un lugar a otro; además sin fotocopiadoras para reproducir documentos, fueron capaces de recoger y aprovechar para todos las más selectas experiencias educativas para construir su propio Sistema Educativo.

  6. Un insistente énfasis en la problematización, para lo cual la Investigación se constituye en una de sus principales herramientas. La formación del pensamiento de los estudiantes y su participación activa en las aulas está directamente relacionada con la posibilidad de contar con currículos problémicos, con la problematización de los saberes. En la Ratio se advierte que “cada mes ... procure que alguno de sus discípulos, con gran concurrencia de alumnos de filosofía y de teología, resuelva algún célebre problema matemático; y después, si pareciere, se discuta la solución”28. Pensamos que esta debe ser una estrategia a partir de la cual se generen los desarrollos temáticos de los cursos que se orientan a los escolares en todos los niveles. Por supuesto que esto lleva a la necesaria implementación de estrategias para que en las instituciones exista la posibilidad de desarrollar investigación no sólo de carácter pedagógico, sino en cada una de las ciencias que circulan en dichas instituciones. Ahora bien, si atendemos a la naturaleza misma de los fines de la educación para la compañía, esta debería ser una investigación capaz de atender las urgencias y necesidades de los contextos en los cuales se desarrollan; esto es, una investigación con responsabilidad social.

  7. Favorecer el empleo de las tecnologías como medios para alcanzar los fines formativos. Para algunas personas la presencia en las instituciones de la virtualidad, la posibilidad de comunicación a través de video conferencias y el uso de otras tecnologías, la posibilidad de acceder a las conferencias (incluso animadas) del profesor a través de la red, se constituyen en una amenaza para la atención y el encuentro personal. Pues bien, sobre ello pienso que el aula y el encuentro personal no desaparecerán de la palestra educativa, pues los actores y sus escenarios se constituyen en condiciones de realización del proceso educativo. Como dice el P. Gabriel Codina s.j. en su alocución en la 24 Jornadas Educativas S.J. celebradas en Salamanca en 1997. “Con todos sus fallos, la escuela es un espacio clave para el crecimiento y el desarrollo de la persona humana en la comunidad y para la transformación de la sociedad.” Lo que hará entonces la tecnología será liberarnos un tiempo y ahorrarnos fuerzas para que nos podamos dedicar con mayor ímpetu a la formación de nuestros estudiantes. Como ya no hay que “dictar” la clase y los estudiantes pueden haber leído el texto con anticipación, entonces el encuentro en la clase será para el debate, el foro, la construcción, la argumentación y todas aquellas estrategias que conocemos y que privilegian el desarrollo intelectual y personal de nuestros estudiantes y de nosotros mismos.

  8. Indudablemente, al hacer una lectura juiciosa de la Prelección, la Repetición y la Acción Conjunta de profesores y estudiantes, es innegable que estas estrategias seguirán teniendo una vigencia en la Propuesta Educativa de la Compañía de Jesús, por supuesto incorporando a ellas los avances que hoy tenemos en el Conocimiento Pedagógico y Didáctico. Cuando se reclama la participación de los estudiantes en todo el proceso educativo, inclusive desde la misma iniciación de la clase, no podemos decir que la intervención del educador se constituye en un obstáculo, sabiendo que éste puede dar pistas que ayudan a la mejor organización de las ideas de los estudiantes, con lo cual se gana en tiempo y claridad29. O el poner a los estudiantes frente a la posibilidad de abordar un mismo tema desde diversas perspectivas, ante distintas opciones, como lo propone la repetición, con lo cual se ganará en riqueza, en posibilidades para la generalización de los conocimientos. Por último, la generación de actividades en las cuales se pueda dar el encuentro entre los profesores y los estudiantes, como una oportunidad para interactuar frente a la construcción cooperada del conocimiento por la vía de los “otros expertos”, tal como lo ha propuesto la psicología de Vygotsky sobre las zonas de desarrollo próximo. Se trata de un aprovechamiento de las bondades del pasado con las certezas que tenemos en el presente.

  9. Una importante fuerza en las clases y demás actividades académicas y formativas del uso de estrategias en las cuales se de una fuerte interacción entre experiencia, reflexión y acción como elementos esenciales al conocimiento desde la perspectiva ignaciana. Allí está la clave de la nueva manera de ver la posibilidad de aprendizaje por parte de los estudiantes. Para el desarrollo de esta propuesta se tiene como base la consideración del importantísimo papel que cumple la Contextualización para la adecuación de los aprendizajes a los estudiantes y sus condiciones y se supone que durante el procesos se realizan continuas valoraciones del mismo, tanto para dar cuenta de los procesos como de los resultados, en lo que más comunmente conocemos como la Evaluación. Sobre este punto se ha insistido muy especialmente a partir de la promulgación del Paradigma Pedagógico Ignaciano y por esta razón no se profundiza en este escrito.

  10. En los últimos años se han dado importantes desarrollos tanto en la Pedagogía, como en la Psicología Cognitiva y en la Neuropsicología, que sin duda alguna nos llaman a considerar, como se hizo en tiempos pasados, su aporte para el enriquecimiento de nuestra Propuesta Pedagógica. Temas como el Constructivismo, el Aprendizaje significativo, la Enseñanza para el Pensamiento, los estilos de Aprendizaje, los Estilos Cognitivos, las Múltiples Inteligencias, la Inteligencia Emocional, se convierten en puntos de mira para mejorar día a día nuestras prácticas; es del espíritu de la Ratio Studiorum integrar todos estos avances para lograr la formación total de la Persona.

  11. Finalmente no se tratará de revivir la Ratio Studiorum, no se tratará de vivir de la nostalgia del pasado (nada sería menos propio a la luz del “magis”); no se trata de regresar a lo anterior como se había dado (nada sería más riesgoso para la natural inclinación humana a la creatividad), se tratará de volver a los principios para recrearlos permanentemente en el presente y el futuro, según los tiempos, lugares y personas.


El camino fue iniciado hace mucho tiempo, con orgullo y entereza lo hemos continuado, ahora esperamos no ser inferiores al reto de seguirlo construyendo para el fin con el cual fue creado: la Mayor Gloria de Dios.



Santiago de Cali, julio 9 de 1999.


1 Véase por ejemplo CHARMOT, F. La pedagogía de los Jesuitas, Ed. Sapientia, Madrid, 1952 Y Luzuriaga, L. Historia de la Educación y de la Pedagogía. Losada, Buenos Aires, 1981
2 ACODESI. Pedagogía Ignaciana: un planteamiento práctico. Santafe de Bogotá, 1995
3 En la Ratio Studiorum, ver por ejemplo las Reglas para el Profesor de Humanidades, en particular el número 1; en la Reglas para el Profesor de Retórica, los números 5 y 7.
4 Moore T.W. Educational Theory. An introduction. En: Meneses, E. El Código Educativo de la Compañía de Jesús. Universidad Iberoamericana, México, 1988, p. 58
5 Labrador, Carmen. Estudio Histórico-Pedagógico. En: Gil, Eusebio y otros. El Sistema Educativo de la Compañía de Jesús: La Ratio Studiorum. Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, 1992
6 Peter-Hans Kolvenbach. Discurso en la Universidad de Georgetown, 7 de julio de 1989
7 En general se consideran los perfiles como formulaciones más estáticas y algorítmicas, en tanto que las competencias se presentan más dinámicas y comprensivas.
8 Labrador, C. Op.cit. p.28
9 Idem. p.50
10 Ver “Pedagogía Ignaciana: un planteamiento práctico”. Notas introductorias, N° 7
11 Labrador, C. Op. cit., p. 27
12 Charmot, F. La pedagogía de los Jesuítas. En Bertrán-Quera, M. S.I. La pedagogía de los Jesuítas en la Ratio Studiorum. Universidad Católica del Táchira – Universidad Católica Andrés Bello, San Cristóbal – Caracas, 1984
13 Por ejemplo Flórez, R. Hacia una pedagogía del conocimiento. Mc.Graw Hill, Santafe de Bogotá, 1994
14 Ratio Studiorum, Reglas del Rector, N° 9
15 Reglas del Prepósito Provincial N° 4
16 Véanse por ejemplo Reglas del Prefecto de los Estudios Inferiores, N° 13
17 Ver por ejemplo las propuestas por Rafael Flórez en su libro “Hacia una Pedagogía del Conocimiento”. Mc Graw Hill, Santafe de Bogotá, 1996
18 Reglas Comunes para los profesores de las clases inferiores, N°1
19 Reglas del Prefecto de los estudios inferiores N°1
20 Ver por ejemplo el N°8 de las Reglas del Profesor de Retórica
21 Arrupe, P. Nuestros Colegios hoy y mañana. N° 10, En Características de la Educación de la Compañía de Jesús, 1986: Introducción, N° 3
22 Bertrán- Quera. Op.cit., p. 258 y 259
23 Delors, J. La educación encierra un tesoro. Unesco, México, 1996
24 Labrador, C. Op.cit. p. 25
25 Para una ampliación de este concepto puede revisarse el documento de apoyo entregado para el taller sobre la Actividad del Estudiante. En él se encuentran algunas de las referencias a los textos de la Ratio Studiorum que sirven de apoyo a la afirmación antes hecha.
26 Bertrán-Quera, M. op.cit. p. 167
27 Astrain, A. S.I. Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España, Tomo IV, p. 16 y 17
28 Reglas del Profesor de Matemática, N° 2
29 Ver le Texto de Ocampo, E. Enseñanza desde la Perspectiva Constructivista en la Básica Primaria. En : Ospina, H.F. y López, L. Pedagogías Constructivistas, Pedagogías Activas y Desarrollo Humano: Memorias I Encuentro Internacional y IV Nacional. Manizales, 1997, p. 407 y ss.